En el marco del 33° Campeonato Mundial de la Pizza en Parma, la participación argentina volvió a destacarse por sus resultados, pero también por la potencia de la gastronomía como puente cultural entre territorios.
Uno de los protagonistas fue el maestro pizzero bonaerense Ezequiel Ortigoza, quien obtuvo el segundo puesto en la categoría Freestyle, una de las más exigentes del certamen.
Su presentación combinó técnica, creatividad y una puesta escénica impactante, donde integró acrobacias con fuego y manejo de masas de gran tamaño, captando la atención del jurado y del público internacional.
Gastronomía como vínculo entre Argentina e Italia
La presencia argentina en Parma reafirma el valor de la pizza como patrimonio cultural compartido entre ambos países. La delegación nacional, integrada por profesionales del sector, volvió a posicionarse en nuestra «madre patria», consolidando una identidad que articula tradición italiana e innovación argentina.
Con más de 700 competidores de 51 países, el campeonato se constituye como uno de los principales espacios de encuentro para el intercambio gastronómico internacional. Y nuevamente, la impronta argentina logró sostenerse por tercer año consecutivo en el podio, reflejando un proceso de crecimiento sostenido.
Innovación, espectáculo y oficio
La categoría Freestyle representa una síntesis entre oficio gastronómico y expresión artística.
Durante su performance, Ortigoza ejecutó una rutina de alto nivel técnico que incluyó lanzamientos, giros y manipulación de masas superiores a los seis kilos, incorporando además elementos de fuego en una coreografía de precisión.
Estas prácticas amplían los límites tradicionales de la gastronomía, proyectándola como una disciplina que también se ve inserta en el lenguaje del espectáculo y la cultura contemporánea, generando nuevas formas de conexión con el público.
Territorio, formación y proyección internacional
El desempeño argentino en Parma se inscribe en un proceso más amplio de formación, profesionalización e intercambio dentro del sector gastronómico. En los últimos años, distintas iniciativas fortalecen ese entorno que promueve la calidad, la innovación y la proyección internacional.
Experiencias como la de Ortigoza evidencian el potencial de los territorios locales (como el conurbano bonaerense, en este caso) para generar talento con alcance global, consolidando a la gastronomía como un vector estratégico de integración cultural, productiva y turística entre Argentina e Italia.