El recorrido de Carlos Nerini no comenzó como algo soñado en un laboratorio europeo. Tampoco en una incubadora de startups del Silicon Valley en California.
Se trata de una historia bastante más reconocible para cualquier argentino, porque incluye curiosidad temprana, pasión por los fierros, formación pública y una vocación persistente por entender cómo funcionan las cosas.
Ese camino, que arrancó en Buenos Aires y hoy continúa en Torino, Italia, terminó convirtiéndose en una experiencia que combina identidad, migración calificada, además de producción de conocimiento en uno de los polos industriales más importantes de Europa.
Su compañía logro medir con precisión el comportamiento de los neumáticos en condiciones reales de conducción.
El desarrollo, ya patentado a nivel internacional, abre una nueva etapa para el diseño de vehículos, la simulación avanzada, los sistemas de seguridad y la futura movilidad autónoma, en un sector que mueve miles de millones de dólares al año y depende básicamente del contacto entre el neumático y el suelo.
Grandes empresas automotrices
Nerini es ingeniero mecánico, egresado de la Universidad de Buenos Aires, y uno de los fundadores de Wom Testing Technologies, una startup tecnológica radicada en el norte italiano.

Junto a otros socios también argentinos, lidera un proyecto que trabaja con grandes empresas del sector automotor y que, sin proponérselo como objetivo inicial, se transformó en un ejemplo concreto de cómo el talento formado en la Argentina encuentra espacio para desarrollarse y escalar a nivel global.
Su tecnología permite obtener datos directos del agarre (grip) del neumático en pista, algo que durante más de siete décadas la industria no pudo medir de manera precisa a bordo del vehículo.
Esa limitación obligó históricamente a trabajar con datos de laboratorio, insuficientes para reproducir escenarios complejos como lluvia, nieve, hielo o superficies irregulares.

Torino es un escenario no elegido al azar. La ciudad concentra una tradición industrial profunda, ligada históricamente a Fiat y a toda la cadena automotriz italiana.
Para Nerini, además, hay un componente íntimo, como es la memoria familiar de la península. Aunque de otra región, los abuelos sicilianos le transmitieron los relatos de «fábrica y oficio» que formaron parte de su infancia.
Esa mezcla entre herencia cultural y proyección profesional terminó de cerrar el círculo cuando la oportunidad de instalarse en Italia dejó de ser una idea lejana para convertirse en una decisión concreta.
Un largo camino a Italia
Antes del salto emprendedor hubo un recorrido largo. Nerini comenzó su carrera profesional en el Grupo PSA, donde trabajó en áreas de simulación y desarrollo.
Más tarde fue expatriado a Brasil, experiencia que le permitió sumar gestión, calle y una mirada regional sobre la industria. A su regreso, se vinculó con el equipo de Oreste Berta, en Alta Gracia, Córdoba, una etapa que él mismo reconoce como decisiva.
Allí, en “la Fortaleza”, se empapó de una cultura de ingeniería aplicada, de resolver problemas reales con recursos finitos, de pensar cada solución desde el funcionamiento concreto y no desde el manual.

Ese aprendizaje, combinado con contactos internacionales y una inquietud constante por ir más allá de lo establecido, fue delineando el perfil que hoy sostiene su proyecto en Europa.
“La ingeniería que no toca la realidad termina siendo incompleta”, suele repetir Nerini cuando habla de su formación. Esa frase resume bastante bien la lógica que atraviesa a Wom Testing Technologies y, al mismo tiempo, explica por qué el proyecto encontró sentido lejos de casa sin perder su ADN argentino.
La empresa nació en Torino con una idea específica como llevar esas «herramientas nuevas» para una industria que, pese a su tamaño y sofisticación, arrastraba limitaciones históricas en la manera de medir y entender el comportamiento real de los vehículos.
Nadie se salva solo
Los socios fundadores invirtieron tiempo, ahorros y trabajo durante los primeros años, combinando consultorías, pruebas y desarrollo propio.
Sin un salto inmediato ni una épica de garaje romántico, hubo, más bien, una construcción paciente, sostenida por la convicción de que había algo para aportar desde una mirada distinta, formada fuera de los centros tradicionales del poder tecnológico.
“Venimos de un país donde aprender a arreglarse con poco es parte del oficio”, dijo Nerini en una entrevista reciente.
“Eso te da una gimnasia mental que afuera se valora mucho, porque te obliga a pensar soluciones que funcionen de verdad”.
Wom Testing Technologies opera en contacto con el Politecnico di Torino y con actores clave del sector industrial europeo. En ese entramado, los argentinos ocupan un lugar importante y participan como pares, como productores de conocimiento y como interlocutores válidos en discusiones estratégicas.
Un ejemplo perfecto de lo que pretende el Corredor
Desde el Corredor Productivo, turístico y Cultural, esa conexión es una línea de trabajo permanente.
Nicolás Moretti, impulsor del espacio, suele remarcar que el vínculo entre Italia y Argentina no se agota en lo simbólico o en lo artístico, sino que también se expresa en experiencias productivas concretas. Y por eso celebra estos logros de compatriotas de las 2 naciones.
“Cada vez que un argentino logra producir valor en Italia sin perder su identidad, ese puente se fortalece”, señala Moretti.
“Nos interesa visibilizar estas historias porque muestran que la cultura del trabajo, del oficio y de la creación también es parte del intercambio entre ambos países”.

La inclusión de este tipo de relatos en un portal cultural no es casual. Habla de una mirada amplia sobre qué se entiende por cultura productiva.
Ingeniería, tecnología y emprendimiento aparecen acá no como mundos ajenos al campo cultural, sino como expresiones contemporáneas de una tradición que combina saber, hacer y transmitir.
En Torino, Nerini continúa desarrollando proyectos, gestionando equipos y pensando el crecimiento de la empresa. La startup ya trabaja con compañías internacionales y evalúa nuevas etapas de expansión.
Sin embargo, cuando se le pregunta por el recorrido personal, el discurso vuelve siempre al mismo lugar: la formación, los maestros, los espacios compartidos y la idea de que nada surge en el vacío.
“Uno no se va solo del país, se lleva consigo todo lo que aprendió”, afirma. “La Argentina está presente en cada decisión que tomamos, aunque estemos a miles de kilómetros”.